Endodoncia o tratamiento de conductos: ¡ una forma de conservar tu sonrisa!

Endodoncia o tratamiento de conductos: ¡ una forma de conservar tu sonrisa!
Endodoncia o tratamiento de conductos: ¡ una forma de conservar tu sonrisa!
Cuando descuidas una caries se te fractura un diente, las bacterias pueden entrar a la pulpa (la parte blanda del centro) e infectarla, provocándote un dolor insoportable y poniéndote en peligro de perder tu diente. En esos casos, lo más seguro es que tu odontólogo (dentista) te sugiera que te hagas una endodoncia o tratamiento de los conductos radiculares.

¿Qué es esto? La palabra endodoncia se refiere a la parte interior del diente. Este tratamiento se encarga de sacar del interior de tu diente la pulpa infectada y limpiar los conductos radiculares (que se encuentran dentro de la pulpa) para evitar que la infección se disemine y puedas perder tu diente. Por esta razón es común que se les llame simplemente “tratamiento de conductos”.

Muchos le temen a este tratamiento porque hace algunas décadas era extremadamente doloroso ¡Y cómo no iba a serlo si en la pulpa de tus dientes se encuentran los nervios que son la parte más sensible! Por lo mismo, cuando el dentista lo sugería, muchos pacientes lo veían como un castigo.

Pero hay dos buenas noticias al respecto. La primera es que actualmente, gracias a los avances odontológicos y el uso de la anestesia, ya no es un procedimiento doloroso o la molestia es mucho menor. Y la segunda es que el tratamiento de los conductos realmente puede significar la única posibilidad de salvar tus dientes y tu sonrisa, pues se evita que se forme un absceso bucal o que  la infección llegue hasta el hueso que soporta el diente y así no te lo tengan que sacar.

¿Cómo se hace? Un tratamiento de los conductos común se realiza directamente en el consultorio y puede tomar entre una y tres visitas, dependiendo de la gravedad de la infección.

Antes de empezar te aplicarán anestesia local para evitar que te duela.

El odontólogo empezará abriendo la corona del diente por donde ha entrado la bacteria, con el fin de llegar a la pulpa y poder limpiar la infección. Usando instrumentos muy pequeños, sacará la parte de la pulpa que se encuentra dañada y luego limpiará los conductos radiculares. Es probable que también te apliquen medicamentos para eliminar los gérmenes que todavía quedan esparcidos en la pulpa y así evitar que sigan infectando tu diente.

A veces es necesario dejar el diente abierto para que pueda drenar la pus causada por la infección, y tendrás que volver a una segunda o tercera cita. En ese caso te pondrá un relleno temporal para cubrir un poco el diente, pero te advertirá que no debes morder ni masticar de ese lado hasta que te lo haya sellado completamente.

Cuando ya va a terminar el tratamiento, rellenará la cavidad de la pulpa y los conductos, y luego los sellará. Finalmente, te colocarán una nueva corona para dejar tu sonrisa como estaba antes. Anteriormente se usaban las coronas de oro (muchos adultos todavía las tienen, especialmente los que ahora son abuelos), pero actualmente lo más común es que te pongan una corona de porcelana similar al color natural de tus otros dientes para que no se note. Esta corona puede durarte toda la vida, pero sólo si sigues cuidándote tus dientes y tus encías con regularidad para evitar que la caries los vuelva a atacar.

Tratamiento de conductos radiculares

Cuando la infección en uno de tus dientes es muy grave y ha llegado hasta la raíz, es probable que te lo tengan que sacar. Pero afortunadamente hoy en día hay otras opciones. Te pueden poner un implante, un puente o una dentadura postiza en caso de que sean varios dientes a la vez.

De cualquier manera, ten por seguro que con un tratamiento de endodoncia podrás volver a sonreír sin dolor y con todos tus dientes completos.

Recuerda que la clave para evitar llegar a este punto, es mantener una excelente higiene oral cepillándote los dientes 3 veces al día y usando el hilo o la seda dental

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